Comunicación Jornada de Intervención Social en Hospital Sant Joan de Déu – 13 de Junio de 2014*

* Comunicación presentada el pasado 13 de Junio de 2014 en las II Jornada Estatal de Intervención Social en Salud Materno-Infanto-Juvenil. Vínculo, nuevas tecnologías, diferentes escenarios.

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Muchas gracias.

La intención es poder presentar una serie de ideas y reflexiones al hilo del título de la Jornada (Vínculos, nuevas tecnologías, diferentes escenarios), desde mi parcela de saber, esta es: la educativa, y desarrollarlas hasta donde el tiempo nos permita.

Sobre las nuevas tecnologías, han pasado ya más de 15 años desde que las nuevas tecnologías dejaron de ser nuevas y se convirtieron simplemente en tecnología. Sin embargo, todavía muchos hoy se resisten a dejar de verlas como algo extraño, distante, ajeno.

Es importante que tengamos claro que el futuro ya está aquí, y ha venido para quedarse. Que asumamos las tecnologías como algo propio. Se presentan en todos los niveles de nuestro día a día. Si bien en sus inicios éstas se referían fundamentalmente a ordenadores de sobremesa, hoy hacen referencia a ordenadores portátiles, tabletas, MP4 o MP5, libros electrónicos, consolas, plataformas de juego, marcos digitales, teléfonos inteligentes, Smart TV…

Así, es importante alejarnos del discurso de lo novedoso, asociado al discurso del miedo o la cautela, y reivindicar el discurso de las posibilidades.

No es casual que cuando uno busca por internet guías y manuales para padres y educadores, el 80% de ellos lo que hacen es alertarnos de los riesgos de las redes y las tecnologías, que no es un tema menor, pero a mi entender insuficiente. Deberían informar de los riesgos, sí, para a continuación informar y exponer sus posibilidades.

Pondré un ejemplo: chica de 15 años tutelada, psicótica. Mantiene una relación particular con la palabra. Es capaz de leer y entender cualquier tipo de poesía. Las devora. Escribe maravillas. Así, la palabra escrita no le supone problema. Sin embargo tiene una importante dificultad para sostener la palabra hablada.

Un día, a modo de juego, se nos ocurre conversar con ella a través del ordenador. Nosotros con el ordenador del despacho, ella en el ordenador de otra sala. Si saberlo habíamos creado un canal a través del cual ella era capaz de situar su malestar en un contexto de palabra escrita, en lugar manifestarse a través de gritos y de golpes.

Vivimos en un tiempo de desconcierto. Pero con guías o sin ellas, con desconcierto o sin él, lo cierto es que nuestros chicos usan a diario estas tecnologías. Operan con ellas, pero sin saber cómo funcionan. Conocen la mecánica, pero no lo que hay detrás. La repercusión de sus actos y las consecuencias de su uso.

Saben que si le dan a examinar, que si suben esas fotos, les ponen filtros y las cuelgan en internet, en Facebook, twitter o donde sea, sus amigos las retwittearán, les darás a Me gusta, pondrán un comentario molón, y ellos serán los más guays de la clase.

Es importante destacar que a menudo se produce una actitud disociativa, creyendo que lo que sucede en la red no tiene traslación en la realidad. Que se pueden permitir colgar toda clase de fotos, comentarios, o información sin que eso tenga consecuencias. Que se pueden permitir linchar a un compañero por medio del grupo de WhattsApp, y aquí no pasa nada…

Debemos tomar conciencia de que todos tenemos una doble identidad. Si se quiere una identidad complementaria: por un lado la real, por el otro la digital.

Correo electrónico. Twitter, Facebook, Instagran, LinkedIn, participación en foros… La cuestión es cuánto de lo que somos y hacemos queremos compartir con el vecino. Cuánta imagen y qué imagen queremos proyectar al exterior. Porque del mismo modo que desde el sofá de casa podemos reaccionar de modos muy distintos si oímos que alguien pica al timbre, la realidad digital presenta también diferentes opciones.

Podemos mirar quién es y no abrir. Podemos abrir la puerta, pero hablarle desde el rellano; podemos dejarle pasar, pero solo hasta el recibidor. O podemos hacerle pasar hasta la cocina, el comedor, o incluso hasta nuestra habitación o cuarto de baño, lugares reservados a personas con las que mantenemos una relación de intimidad.

Lo que debemos preguntarnos es si queremos vivir en un hogar con paredes de hormigón o con paredes de cristal?

Entretanto, vemos a nuestros críos permanentemente conectados. Unidos al grupo social incluso sin que los adultos nos demos cuenta. En el bolsillo el teléfono les vibra. Sólo ellos saben el porqué. Nuevas fórmulas en la creación de antiguos vínculos. Fórmulas, en las que lo importante ya no es tanto el contenido de la relación como conexión en sí misma.

Porque si cuando ese adolescente de 12 o 13 años nos pide una cuenta de Facebook o un teléfono móvil, nuestra respuesta es “ni cuenta ni cuento!” o “ni teléfono ni teléfono, si quieres llamar lo haces desde casa” es que todavía no hemos entendido nada.

Los adultos a veces pecamos de cautos, especialmente ante lo desconocido, o ante lo que no nos hemos tomado la molestia de conocer. A menudo no estamos dispuestos a situarnos en el lugar que nos corresponde. En el de mediadores entre el mundo y las generaciones que llegan.

Porque ese es el lugar del adulto. El lugar del que educa. Así, educar es “la transmisión por parte de una generación vieja a una nueva, de los contenidos culturales, así como las pautas, los valores y las habilidades sociales necesarias para circular por el mundo”, o en palabras de Gramci “hacer al hombre actual a su época”.

Resistirse a la realidad tecnológica, impidiendo, o limitando el acceso o infravalorando su importancia, constituye un nuevo modo de dimisión en el acto educativo. No podemos decir me da pereza. No podemos decir me da igual, o no me interesa.

Porque educar es acompañar, trasladar y construir nuevos saberes, a menudo en nuevos lenguajes, y nunca puede quedar a merced de si nos apetece o no.

No se trata que ahora todos vayan en tromba a apuntarse a un curso de ofimática, o de redes sociales. O quizás sí. Se trata de algo más simple que eso, pero a la vez más complejo. Se trata de un cambio de mentalidad. Se trata de abrirnos a nuevas experiencias y modos de relación y comunicación. Se trata de que recuperemos la curiosidad por el mundo. Que dediquemos tiempo a jugar con esas tecnologías. De alejarnos de nuestra zona de confort.

Se trata, en definitiva, de que estemos dispuestos a situarnos en un lugar de no saber, y en un lugar de generar nuevos saberes.

 

Permitanme concluir esta comunicación a partir de un chiste que oí en unas jornadas similares a éstas, y que creo puede ser un buen ejemplo de esos otros lugares sociales en lo virtual. Confío en que nadie se escandalice.

Twitter dice: Necesito mear

Facebook dice: He meado

Yahoo respuestas dice: Porqué meo?

Youtube dice: Mira que meada

Idealista: Meada espaciosa. Orientación sur

Fotolog dice: Te gusta mi meada?

LinkedIn dice: Soy muy bueno meando

Tuenti dice: Mira esaaa meada rexula….

Badoo dice: Meamos juntos? (o lo que surja)

 

Muchas gracias, espero y deseo que les haya resultado interesante, y que por lo menos les haya permitido interrogarse o incluso cuestionarse su posición y el lugar en que se sitúan en relación a las tecnologías, la infancia y su vínculo con lo social.

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